Pasaron ya aquellos tiempos en los cuales, para que a uno de le enterraran con un mínimo de dignidad tenía que ser emperador del Alto y del Bajo Egipto.

Prepolítica, José Antonio y la Asociación Católica de Propagandistas

12/01/2008

Por una vereda viene
cabalgando Jose Antonio…

He localizado por casualidad un curioso documento de la Asociación Católica de Propagandistas, fundada a principios del siglo XX por don Ángel Herrera Oria, que al parecer va el hombre camino de los altares, para sentarse a la veraveritavera del beato Josemaría. En dicho documento, para defender esa gran mentira puesta en marcha por los obispos subvencionados el pasado 30 de diciembre -el laicismo supuestamente imperante está acabando con las raíces mismas de la democracia española- hace referencia a unos valores prepolíticos -es decir, previos al ordenamiento jurídico- que son los que supuestamente legitiman la democracia. Eso es fundamentalismo cristiano, y del más antidemocrático, por cierto, en estado puro.

Si han seguido el enlace que he puesto más arriba y han leído el curioso documento, ya lo sabrán. Para los que no quieran perder el tiempo con tonterías, entresaco las ideas más importantes. Al parecer, según los propagandistas de la Fe, «el laicismo persigue el destierro civil de la Iglesia recluyéndola en las sacristías«, y para articular su defensa ante semejante persecución nos recuerdan que «la política no puede deslegitimar instituciones legítimamente naturales. No toda legitimidad procede de la ley positiva«. Estas dos ideas de suma importancia nos vienen a demostrar que la Iglesia española no sólo no es demócrática, sino que ni siquiera acepta los principios del liberalismo político -recuerden que el Papa ha condenado los valores de la Ilustración-, ya que se considera a sí misma una «institución natural«. Ahí es nada. Como sobre el sentido de la circulación de la sangre o sobre la evolución de las especies, no se puede legislar sobre nada que tenga que ver con la Iglesia Católica, puesto que se trata de algo «legítimamente natural«. Así, se colocan por encima de la ley positiva de la que se ocupan en la siguiente proposición, encaminada claramente a señalar que si la ley positiva no se ajusta a ciertos valores, los suyos, que son previos a las leyes, pues dichas leyes no tienen legitimidad.

Un poco más abajo, en el mismo documento aclaran cuál es su concepto de democracia, cuando se apropian de los derechos humanos humanos como si fueran una aportación del catolicismo al mundo moderno, y sobre todo, cuando hacen referencia a unos misteriosos «valores prepolíticos» en los que supuestamente se fundamenta la democracia. Lo cual es realmente preocupante, porque la última vez que oí hablar de valores prepolíticos en España fue cuando José Antonio Primo de Rivera y Sanz de Heredia definió a España como una «unidad de destino en lo universal«, es decir algo preexistente y perdurable a cualquier sistema político, a cualquier ley positiva. ¿No fue el inefable, sonriente e indecente cardenal Cañizares el que dijo aquello, por cierto, de que la unidad de España era un bien moral en sí mismo? Lo mismo es que se trata de algo previo a las leyes positivas.

En resumen, lo que nos quieren decir los propagandistas católicos, lo que nos quieren decir los kikos, los legionarios, los opusinos y los prelados desvergonzados, desleales y antipatrióticos que el pasado día 30 de diciembre se reunieron en Colón para recocerse en su odio visceral a la democracia, a España y a los españoles de hoy, es que no aceptan un estado laico por dos razones fundamentales: una, el estado no puede ser neutral en cuestiones religiosas, ya que ellos forman parte de una religión que es la natural, la verdadera, y dos, no aceptan que nadie viva fuera de sus normas, puesto que esas normas se fundamentan en unos valores que son anteriores a la legislación positiva. Si la ley y sus valores prepolíticos entran en conflicto, tienen preminencia sus valores paranormales y esotéricos.

Y los maricas, abstinencia y aspirinas, a ver si se curan… que Dios les quiere mucho a ellos también, criaturitas.

¡Cuagüenddiós, que como no espabile el gobierno, nos la cuelan!