Yo, con la edad, me he convertido en un llorón. Pero es que me imagino lo que tiene que estar pasando por la cabeza de Mari Carmen, la señora de 87 años a la que un fondo buitre ha desahuciado de su casa esta mañana, sin haber dejado de pagar el alquiler un solo mes en 70 años, y se me saltan las lágrimas.
No es ya que le hayan robado su casa: es que le han robado su vida y la posibilidad de morir donde vivió con sus padres, en esas habitaciones llenas de cosas, donde cada cosa es un recuerdo, en esas habitaciones en las que fue feliz —e infeliz, probablemente—, en la casa en la que ha vivido durante 70 años.
Y ni siquiera le han dejado recoger sus cosas. No le han dado ni una hora para ello: ha entrado la Policía en su casa con una violencia inimaginable y la han dejado en la calle, enferma, anciana, con una discapacidad del 50 por ciento. Han expoliado su vida.
Incluso pienso en sus padres y empatizo absolutamente con ellos, que seguramente depositaron en ella la esperanza de que tuviera una vida plena y feliz y jamás imaginaron que, después de 87 años, pudiera encontrarse, en su propia casa, la que ellos mismos alquilaron, en una situación de semejante vulnerabilidad -algo que aterroriza a cualquier padre y a cualquier madre- sin comerlo ni beberlo porque, lo digo de nuevo, no dejó de pagar la renta un sólo mes en 71 años. Y se me vuelven a saltar las lágrimas.
No tengo dudas de que alguien en el otro lado -quizas en la empresa que se ha negado incluso a permitirle que se lleve sus cosas- tiene que pasar el mismo miedo y la misma desesperación e inseguridad que le han hecho pasar durante ocho años y le siguen haciendo pasar a esta señora.
Con toda la superioridad moral del mundo, les quiero preguntar a quienes invierten en fondos inmobiliarios, que hasta se anuncian en internet, si no les da vergüenza financiar desalojos como el de esta mañana.
Con toda la superioridad moral del mundo, le quiero preguntar a Pedro Sánchez si no le da vergüenza abstenerse y poner palos en las ruedas a los intentos de poner límite a la impunidad con la que los buitres -fondos o pymes- se hacen poco a poco con las viviendas de nuestras ciudades para despojarlas de su valor social y convertirlas en un simple elemento especulativo.
Y, con toda la superioridad moral del mundo, quiero preguntarles a los votantes de Ayuso qué opinan del desahucio de Mari Carmen y recordarles que ayer Ayuso dijo que a Madrid venían empresarios e inversores para que les dejen tranquilos y no tuvo una sola palabra para los cientos de miles de jóvenes que no pueden aspirar a una vivienda en Madrid a pesar de que tienen trabajos y sueldos, precisamente para que vivan tranquilos esos empresarios e inversores de los que hablaba Ayuso, que son quienes explotan hasta lo indecible —por ejemplo, lo que ha pasado esta mañana— a sus inquilinos.
Y aquí lo dejo, porque se me saltan las lágrimas de nuevo, pero esta vez no es de pena, sino de rabia infinita.