En 2016, Victoria Rosell fue linchada por la turba mediática pepera rozando de nuevo los límites de la legalidad, como señalará en su día Luis María Ansón, mientras los capos de la derecha farisea danzaban en taparrabos agitando sus ponzoñosas vergüenzas alrededor de la hoguera, con José Manuel Soria, imputado por corrupción en el caso Salmón, señalando corrupción donde luego lo que apareció fue un juez condenado por maniobrar contra Rosell y en favor de la querella de Soria.
El juez corrupto Salvador Alba, ese monumento togado a la decencia institucional según el manual de los memos, acabó condenado por fabricar una operación contra Rosell. Acusaron a la víctima, protegieron un relato inventado contra una mujer decente, comprometida y ejemplar, y cuando la verdad llegó ya la habían destruido. O eso creían. Porque Rosell se defendió y les devolvió la hostia multiplicada por diez.
Pero todavía hay quien llama a esto “normal funcionamiento de las instituciones”. En España se puede ser ingenuo, claro. Lo preocupante es que algunos entrenan todos los días, sacan matrícula de honor y luego se sientan en la tertulia a explicarnos democracia.
¡Tontos, despertad del sueño dogmático!
Lean aqui la historia del acoso judicial y político a Victoria Rosell.